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TIEMPO · SUEÑOS · CONCIENCIA

La eternidad en un segundo

El cerebro, los sueños y el enigma del tiempo en las experiencias cercanas a la muerte

8 min de lecturaCiencia y conciencia

¿Qué ocurriría si un segundo pudiera sentirse como una eternidad? Cada noche experimentamos algo que ayuda a plantear esta pregunta: nos dormimos y, horas después, despertamos sintiendo que apenas hemos cerrado los ojos. Esta experiencia revela una diferencia fundamental entre el tiempo que medimos y el tiempo que percibimos. ¿Podría ayudarnos a comprender por qué algunas personas describen una sensación de atemporalidad durante las experiencias cercanas a la muerte?

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Dormir, soñar y la noción del tiempo

Durante el sueño profundo, la respuesta al entorno y la experiencia consciente suelen reducirse; en el sueño REM, en cambio, podemos vivir sueños vívidos que parecen reales. Mientras soñamos no siempre somos conscientes de que estamos soñando ni evaluamos cuánto tiempo ha pasado. Al despertar recuperamos la orientación temporal, pero no necesariamente un recuerdo continuo de las horas anteriores.

Esto no significa que todos los sueños carezcan de percepción temporal. La cuestión es que nuestra experiencia y nuestra memoria no registran necesariamente cada momento transcurrido. El sueño nos permite reconocer que no percibir el paso del tiempo no equivale a experimentar una duración infinita: a veces simplemente carecemos de una experiencia consciente continua que nos permita reconstruir el intervalo.

Soñar cambia nuestra experiencia, no el reloj.
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El cerebro construye nuestra experiencia temporal

También despiertos sentimos que el tiempo pasa de manera diferente según las circunstancias. Una espera angustiosa puede parecer interminable; varias horas de una actividad agradable pueden transcurrir sin que apenas lo notemos. La percepción temporal depende de procesos relacionados con la atención, las emociones y la memoria. Además, sentir que el tiempo se ralentiza mientras ocurre un acontecimiento no es lo mismo que recordarlo después como si hubiera durado más.

Aunque todavía no comprendemos por completo cómo construye el cerebro nuestra experiencia temporal, sabemos que esta no es una reproducción exacta del tiempo físico. Si nuestra percepción de la duración puede cambiar durante el sueño y la vigilia, ¿qué sucede cuando el cerebro atraviesa condiciones fisiológicas extremas?

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Yuri Serdiukov y la hipótesis de una eternidad subjetiva

El filósofo ruso Yuri M. Serdiukov ha explorado la relación entre las experiencias cercanas a la muerte y la percepción subjetiva del tiempo. Su propuesta invita a considerar que, en condiciones extremas, una experiencia podría alejarse profundamente de nuestra percepción temporal habitual y parecer mucho más extensa de lo que indicaría el tiempo medido externamente.

La idea es sugerente porque cuestiona nuestra intuición de que la duración de una experiencia debe corresponderse con la de un reloj. Sin embargo, pertenece al terreno de la reflexión filosófica sobre la conciencia: no demuestra experimentalmente que un segundo pueda contener una eternidad ni que la conciencia sobreviva a la muerte irreversible del cerebro. El sueño ofrece una analogía útil, pero no demuestra que ambos estados compartan el mismo mecanismo.

Una experiencia breve puede sentirse mucho más extensa que el tiempo medido desde fuera.
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¿Qué ocurre en el cerebro cuando nos acercamos a la muerte?

Cuando la circulación se interrumpe, el cerebro recibe menos oxígeno y glucosa. La actividad neuronal experimenta cambios complejos que dependen de las circunstancias clínicas y del tiempo transcurrido. En algunos estudios se han registrado cambios transitorios en las señales eléctricas cerebrales durante situaciones críticas. Estos hallazgos ayudan a investigar la respuesta del cerebro ante condiciones extremas, pero detectar actividad eléctrica no demuestra por sí solo que exista una experiencia consciente ni permite determinar si la persona estaba recordando acontecimientos o experimentando una sensación de eternidad.

Es esencial distinguir una parada cardíaca potencialmente reversible de la muerte encefálica irreversible. Los testimonios de quienes sobreviven pueden aportar información sobre sus experiencias, pero no demuestran que la conciencia continúe después de la muerte encefálica.

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Las experiencias cercanas a la muerte y la atemporalidad

Algunas personas que sobreviven a una parada cardíaca u otras situaciones críticas describen una profunda sensación de paz, recuerdos intensos o la impresión de que el tiempo desapareció. Otras relatan que acontecimientos aparentemente breves se sintieron extraordinariamente extensos o que todo ocurrió simultáneamente.

Estos testimonios son relevantes, aunque deben interpretarse con cuidado: suelen recogerse después de la recuperación y pueden estar influidos por la memoria y las circunstancias clínicas. Se han propuesto explicaciones relacionadas con la falta de oxígeno, cambios en las redes neuronales y alteraciones en la integración de la información sensorial. Ningún mecanismo explica de forma definitiva todas las experiencias descritas.

La cuestión central es distinguir entre sentir que el tiempo se detiene, recordar un episodio como si hubiera durado mucho y experimentar una duración literalmente infinita. Los dos primeros fenómenos son compatibles con alteraciones de la percepción y la memoria; el tercero no ha sido demostrado científicamente.

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¿Puede un instante sentirse como una eternidad?

El sueño y las experiencias cercanas a la muerte nos llevan a una pregunta común: ¿necesitamos percibir el paso del tiempo para experimentar algo? Nuestra conciencia temporal puede cambiar y nuestros recuerdos no siempre reflejan de manera continua lo sucedido. Sin embargo, estas observaciones no permiten concluir que una experiencia subjetiva pueda durar literalmente para siempre.

Quizá la eternidad subjetiva no consista en sentir que el tiempo nunca termina, sino en vivir una experiencia en la que dejamos de percibir su paso. Esta es una interpretación filosófica, no un mecanismo demostrado por la neurociencia.

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El enigma permanece abierto

La ciencia puede estudiar cómo el cerebro organiza nuestra percepción temporal y cómo cambia su actividad durante el sueño o ante una crisis fisiológica. Pero todavía no puede afirmar que una sensación de eternidad sea una eternidad real ni que las experiencias cercanas a la muerte demuestren la continuidad de la conciencia después de la muerte irreversible.

Tal vez la verdadera paradoja no sea que un segundo pueda durar para siempre, sino que nuestra experiencia del tiempo siga siendo tan difícil de comprender. Medimos la vida en segundos, minutos y años, pero no siempre la experimentamos de acuerdo con esas medidas.

Si podemos atravesar horas sin percibir conscientemente su paso, ¿hasta qué punto nuestra experiencia del tiempo depende de la conciencia que tenemos de él?

Artículo original en Medium

Este artículo fue publicado originalmente en inglés por Omar González-Santiago y está disponible gratuitamente en Medium.

Leer el original en Medium

Referencias

  1. Serdyukov, Y. M. (2014). Near Death Experience and Subjective Immortality of Man. Dialogue and Universalism, 24(2), 97–103. Fuente
  2. Shlobin, N. A., Aru, J., Vicente, R., & Zemmar, A. (2023). What happens in the brain when we die? Deciphering the neurophysiology of the final moments in life. Frontiers in Aging Neuroscience, 15, 1143848. DOI
  3. Charpier, S. (2023). Between life and death: The brain twilight zones. Frontiers in Neuroscience, 17, 1156368. DOI

Nota editorial: la idea de eternidad subjetiva es una interpretación filosófica, no un hallazgo neurocientífico demostrado.

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